El nacimiento de un mito Old Dream
El proyecto ‘Old Dream’ (2001-2004) representa el reencuentro de Oliver Design con su faceta más romántica y vocacional: la construcción artesanal de yates clásicos de madera.
Lo que comenzó como un croquis a lápiz durante unas vacaciones de Jaime Oliver, se convirtió en una odisea técnica y humana de tres años para rescatar un oficio milenario y demostrar que los barcos con alma e historia aún tienen un lugar en la navegación moderna.
En agosto de 2001, durante unas vacaciones en Palma de Mallorca, un reportaje sobre la reconstrucción de un yate de madera de 1929 encendió una chispa en la mente de Jaime Oliver. Decidió hacer realidad un viejo sueño: regresar al diseño y construcción en madera con una línea clásica. El 16 de agosto, en su primer día de vuelta al estudio, plasmó el primer boceto a lápiz, dando inicio a una aventura ininterrumpida.
El diseño original creció hasta definir un yate de 20 metros de eslora, manteniendo la pureza de las líneas clásicas pero optimizando los espacios interiores para asegurar su viabilidad comercial. Como reflejo del romanticismo del proyecto, absolutamente todos los planos se realizaron a mano alzada, ya que el software informático de la época no disponía de programas adaptados a las sutilezas de este tipo de construcción tradicional.
Plano disposición.
Para materializar el proyecto, se localizó a un equipo de experimentados carpinteros de ribera bajo la dirección del maestro Julio Ruiz, quien regentaba un pequeño varadero tradicional. Para garantizar las condiciones óptimas que requiere la madera, la construcción se trasladó a una gran nave techada que Oliver Design utilizaba como almacén logístico, transformándola en un astillero a medida.
Con el diseño y los artesanos listos, Oliver Design tomó una decisión estratégica clave: financiar el barco de manera independiente a través de entidades bancarias, respaldándose en las garantías de sus otros proyectos de habilitación naval. Se descartó la búsqueda de un cliente previo para el prototipo con un único fin: evitar que las exigencias particulares de un comprador mediatizaran o limitaran el elevado grado de innovación que se quería aplicar al yate.
La construcción comenzó oficialmente con la puesta de la quilla el 16 de agosto de 2002, exactamente un año después de concebirse la idea inicial. El proceso avanzó de manera minuciosa, financiado ‘gota a gota’ con los recursos de la empresa. Aunque una ligera demora impidió exponer el barco físicamente en el Salón Náutico de Barcelona de 2004, el yate fue exitosamente botado el 27 de octubre de ese mismo año, cumpliendo el plazo fundamental de tres años.
El estudio de mercado de Oliver Design confirmó que existía un perfil de armador dispuesto a invertir en barcos clásicos de madera por considerarlos auténticas ‘obras de arte’ con historia. Al recuperar esta actividad —abandonada por la industria a finales de los 70 debido a la escasez de mano de obra artesanal—, Oliver Design abrió una línea puramente vocacional, planteada para crear con calma y máxima exclusividad una de estas joyas flotantes cada uno o dos años.
