Arquitectura de grandes horizontes
En 1993, Oliver Design fue elegida personalmente por el magnate norteamericano Donald Trump para dar vida a su mayor ambición náutica: proyectar el yate más grande y hermoso del mundo.
Un hito que unió el descaro técnico de un joven estudio con la visión del célebre empresario, culminando en un suntuoso diseño conceptual de un megayate que marcó un antes y un después en la firma.
La historia del Trump Princess nació del atrevimiento y la excelencia técnica. A comienzos de los años 90, Oliver Design era una jovencísima y modesta compañía con sede en Getxo (Bizkaia) que tuvo la audacia de presentarse en el Salón Náutico de Florida, una de las ferias navales más importantes del mundo.
Durante el evento, Jaime Oliver (fundador de la firma) recibió una visita inesperada en su stand: era el secretario personal del magnate Donald Trump —actual Presidente de los Estados Unidos—. Tras recorrer el recinto ferial en estricto privado y analizar la oferta internacional, Trump había seleccionado personalmente al estudio vasco como el único apto para hacer realidad su mayor ambición náutica: proyectar un megayate que no solo fuera el más grande del mundo, sino también el más hermoso.»
El proyecto heredaba un nombre con mucha historia. En 1988, Donald Trump había adquirido al sultán de Brunéi el célebre Kingdom 5KR (originalmente del millonario saudí Adnan Khashoggi), rebautizándolo como el primer Trump Princess. Aquel navío era tan espectacular que sirvió como cuartel general flotante del villano en la película de James Bond ‘Nunca digas nunca jamás’ (la última de Sean Connery como 007).
Tras revender ese barco a un príncipe saudí en 1991, Trump fijó su objetivo en construir desde cero el segundo Trump Princess: un colosal buque de 160 metros de eslora que superara todo lo conocido, encargando su desarrollo arquitectónico completo a Oliver Design.
Debido a su excelente dominio del inglés, Jaime Oliver delegó gran parte de la relación directa con el multimillonario neoyorquino en su hijo Íñigo Oliver, actual director comercial de la firma, quien entonces tenía 25 años. La colaboración fraguó una estrecha relación de confianza.
Además de mantener reuniones de trabajo en los despachos de la imponente Trump Tower en la Quinta Avenida de Nueva York, Íñigo fue invitado en diversas ocasiones a la famosa mansión de Mar-a-Lago en Palm Beach (Florida), donde llegó a compartir mesa y mantel con la familia Trump, asistir a sesiones privadas de cine e incluso estar presente en el bautizo de Tiffany, una de las hijas del mandatario estadounidense.
A lo largo de varios meses, desde los primeros bocetos a lápiz hasta la compleción de los planos definitivos, el proyecto avanzó con un minucioso trabajo conceptual por el que Oliver Design recibió un pago de 170.000 dólares. El estudio vasco llegó incluso a liderar las negociaciones con la empresa Astilleros Españoles (hoy Navantia) para coordinar la que habría sido una construcción histórica en grada.
Los planos definitivos, celosamente guardados en los archivos de la firma, detallan un suntuoso megayate de 160 metros de eslora distribuido en cuatro cubiertas. El diseño integraba un helipuerto, suites de lujo distribuidas en dos alturas, refinados salones, piscina, jacuzzis y una imponente galería interior decorada con palmeras reales, concebida para albergar eventos de gala a gran escala.
Tan sorpresivamente como comenzó, el proyecto se detuvo en seco a principios de 1994. Donald Trump comunicó a Oliver Design la suspensión de la construcción debido al delicado escenario financiero que atravesaban en ese momento sus líneas de negocio en hoteles y casinos, con una deuda corporativa estimada entonces en 3.500 millones de dólares.
Aunque el buque nunca llegó a tocar el agua, los archivos de Oliver Design en Getxo conservan hoy los planos y los bocetos originales de una de las obras de arquitectura naval más espectaculares de su época, firmada en exclusiva para el hombre que años más tarde alcanzaría la presidencia de los Estados Unidos.
«Quería no solo el yate más grande del mundo sino, al mismo tiempo, el más hermoso.»
— Donald J. Trump en su correspondencia oficial con Jaime Oliver, 1993.
